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"El misterio eucarístico está llamado a transformar la vida diaria"

  • hace 6 minutos
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Nuestra Parroquia de San José y Santa María acogió el pasado 5 de mayo una nueva sesión del ciclo formativo dedicado a profundizar en el sentido de la Eucaristía y su relación con la vida cotidiana.

 

En esta ocasión, la charla estuvo a cargo del sacerdote Francisco de Paula Piñero, párroco de los Sagrados Corazones de Sevilla, quien centró su intervención en cómo el misterio eucarístico no se limita únicamente a la celebración litúrgica, sino que está llamado a transformar la vida diaria de los cristianos.

 

A lo largo de su exposición, y ante la asistencia de medio centenar de personas, el ponente fue recorriendo las distintas partes de la celebración de la Eucaristía para profundizar en el significado espiritual y comunitario de cada uno de sus signos. Así, al referirse a la Liturgia de la Palabra, recordó que la Palabra de Dios “es en sí misma eficaz”, aunque necesita del silencio interior para poder calar verdaderamente en el corazón de las personas.

 

En relación con la presentación de las ofrendas, explicó que en ese momento los fieles no solo ofrecen pan y vino, sino también su propia vida, poniendo ante Dios las alegrías, preocupaciones y sufrimientos de cada día. “Con las ofrendas ponemos nuestra vida en el ámbito de lo divino”, señaló.

 

Uno de los momentos más significativos de la charla llegó al abordar la fracción del pan dentro de los ritos de comunión. Francisco de Paula Piñero explicó que el pan partido representa a Jesús entregado en la cruz “para que nosotros no nos rompamos en la vida cotidiana”. Una imagen que, según indicó, recuerda que todos somos personas heridas, pero llamadas a sanar desde el encuentro con Cristo resucitado.

 

El sacerdote insistió también en el carácter comunitario de la Eucaristía, definiéndola como “un hecho comunitario y una comida compartida”. En este sentido, recordó que compartir el mismo pan implica también compartir la vida y abrirse a los demás, especialmente a quienes viven situaciones de exclusión. Al hilo de ello, destacó que cuando Jesús compartía mesa con pecadores estaba mostrando el rechazo de todo sistema que margina o aparta a las personas.


“La comida es fuente de vida y compartir la misma comida significa querer compartir la vida misma”, afirmó el ponente, quien advirtió además de que “donde no hay amor ni vida compartida es difícil que haya Eucaristía”.

 

Durante la sesión también hubo espacio para reflexionar sobre la comunión eclesial y la importancia de la comunidad cristiana. Creer que el Señor está presente en los demás, explicó, ayuda a descubrir la bondad del otro y fortalece la vida de la Iglesia. En esta línea, señaló que cuando faltan hermanos en la celebración, “la Iglesia se empobrece y se debilita”.

 

Francisco de Paula Piñero concluyó su intervención animando a vivir una fe auténtica y comprometida en medio del mundo. Los cristianos, afirmó, están llamados a dar testimonio de una fe “humilde, comprometida, lúcida, firme, confesante y que no se avergüenza”, llevando a la vida cotidiana aquello que celebran en la Eucaristía.


 

 
 
 

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