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Oremos por la paz en la tierra de Jesús



Ante la dramática situación que se vive actualmente en la tierra que pisó Jesús, el cardenal Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, ha emitido una carta en la que, en nombre de los Ordinarios de Tierra Santa, invita a las parroquias y comunidades religiosas de todo el mundo a una jornada de ayuno y oración por la paz y la reconciliación.


La Conferencia Episcopal Española se ha sumado a esta invitación y exhorta a las diócesis españolas a que se unan a esta oración el próximo martes 17 de octubre.


Por su parte, nuestra Parroquia San José y Santa María también se ha mostrado preocupada por el conflicto y anima a rezar por la paz en Israel y en el mundo con las siguientes oraciones, recomendadas especialmente en tiempos de guerra.


La primera ruega a Dios tener misericordia de los pueblos que sufren los estragos de la guerra, pidiendo silenciar a aquellos que desean el mal:


“Señor, tú que eres el Rey verdadero, te rogamos que tengas misericordia de los pueblos que actualmente sufren los estragos de la guerra. Haz callar a los que desean la guerra, dispersa a los sanguinarios, destruye las armas de guerra y ten compasión de los vulnerables, para que la verdadera paz y la justicia sean restauradas en esta tierra. Te lo pedimos en el nombre del Príncipe de Paz. Amén”.


En esta segunda oración se pide a Dios ser liberados del mal, rogando por su misericordia para ser testigos de su fuerza salvadora y su poder sanador:


“Oh Señor, que aborreces a los que asesinan a los inocentes, no hagas oídos sordos a nuestros clamores de amargura, te lo pedimos, y no nos dejes solos con nuestro dolor en este día. Escucha nuestras furiosas palabras de protesta. ¡Oh Dios de Jacob, atiende nuestros gemidos por justicia y sal a nuestro encuentro en este lugar humilde y desesperado! ¡Despierta, Señor! ¡Levántate! ¡Líbranos del mal, por amor de tu nombre! Rogamos esto para que seamos testigos de tu fuerza para salvar y de tu poder para sanar. Te lo pedimos en el nombre de quien es nuestra Fortaleza y Refugio. Amén”.


Finalmente, en la tercera se suplica a Dios poder amar a nuestros enemigos como Él los ama:


“Oh Señor, tú que nos pides que hagamos lo imposible —bendecir a nuestros enemigos, orar por los que nos persiguen y amar a los que nos desean el mal— te rogamos que hagas lo imposible en nosotros: ayúdanos a amar a nuestros enemigos como tú los amas. Ayúdanos a recordar quiénes son nuestros verdaderos enemigos: Satanás, la muerte y las fuerzas espirituales del mal. Haz también un milagro en nuestros enemigos por tu Espíritu, y con tu poder soberano refrena el poder del mal en este mundo. Te lo pedimos en el nombre de Aquel que obra lo imposible. Amén”.


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